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Los prejuicios lingüísticos.

Aunque no deberían de existir, los prejuicios lingüísticos están con nosotros a día de hoy, como lo estaban en el principio de los tiempos. Ya el monarca Carlos I de España, V de Alemania, decía:

“Hablo en italiano con los músicos, en francés con las mujeres, en alemán con los soldados y en español con Dios.”

Los prejuicios no vienen de la lingüística, sino de razones ideológicas. El lenguaje es una cualidad de los seres humanos. La capacidad de hablar de los seres humanos es biológica y exceptuando algunos casos, toda persona está determinada para hablar.

Existen muchos tipos de prejuicios lingüísticos:

El normativo, el literario, el clásico, el degenerativo, el etimológico y finalmente el que vamos a ver: el prejuicio etnocéntrico.

Como hemos mencionado anteriormente, los prejuicios son ideológicos. El etnocéntrico, simplificándolo mucho es “pensar que lo propio es lo mejor”. Esto ocurre por una falta de perspectiva, hay que ponerse en el lugar del otro, viajar real o mentalmente. Generalmente, este prejuicio afecta a las personas que viven en el norte, en los países “ricos” o desarrollados económicamente. Suele pensarse que estas lenguas son superiores a las lenguas del “sur”.

Este pensamiento radica en la época colonial, donde los conquistadores portaban una lengua y los conquistados “no sabían hablar” o lo que hablaban no era una lengua.

Hay que entender que las lenguas son distintas, ni mejores ni peores.

Volviendo a la afirmación del monarca Carlos I, estaba preconcebida la idea de que la buena música provenía de Italia, el francés al ser una lengua de sonoridad suave estaba indicado para las mujeres, el alemán debido a su consonantismo se nos presenta como una lengua basta y el español al ser su propia lengua era la mejor de todas y por lo tanto es la indicada para hablar con Dios.

Como veis es una afirmación repleta de prejuicios.

Pero hablemos de cine:

Título original: Amadeus    Director: Milos Forman    Año:1984

En Amadeus vemos una escena en la que los músicos de la corte discuten con el Emperador José II de Habsburgo la posibilidad de hacer una ópera en alemán frente a la tendencia del italiano. (Véase desde el minuto 2′ 12”).

En este fragmento vemos como Mozart defiende los valores de Alemania y como Salieri y el resto de entendidos, jocosamente, rebaten su teoría. Es una lucha por la lengua propia, italiano versus alemán. A partir del minuto 4′ 16” vemos como defiende cada uno su lengua.

Atentos a los diálogos siguientes:

Mozart: “Majestad, elegid vos la lengua, mi tarea será ponerle la mejor música jamás ofrecida a un monarca.”

Emperador: “Pues así es, que sea alemán.”

Minuto 6′ 42”.

Salieri: “Grazie Signore. Lo único que quería era cantar a Dios”.

En ambos diálogos vemos desarrollada la frase de Carlos I. En el primer diálogo, como se trata de música, pretenden utilizar el italiano pero Mozart puntualiza el hecho de que sea música para el Emperador (la nación, los soldados) y por lo tanto eligen el alemán.

En el segundo, Salieri defensor del italiano reza “lo único que quería era cantar a Dios” es decir, hablar con Dios, la propia lengua ensalzada como único vínculo para llegar a Dios.

¿Creéis vosotros que existe una lengua para cada situación?

¿Creéis que hay lenguas mejores para unas cosas que otras, como por ejemplo el inglés para la terminología informática?

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